domingo, 24 de enero de 2010

La retórica y Oratoria



La retórica es el arte o técnica de la persuasión por medio del discurso oral. En definitiva, el arte del discurso ciudadano, que se pone en práctica en el ámbito de la pólis, y que desempeña un papel decisivo en las diversas facetas de la vida pública y privada dentro del sistema democrático.

Tipos de retórica y géneros de discursos

Aristóteles, a mediados del siglo IV a.C., distinguió entre tres tipos de retórica teniendo en cuenta el receptor del discurso y su posibilidad de reacción. Si el auditorio ha de juzgar sobre hechos del pasado en el marco de un tribunal de justicia, nos encontramos ante la retórica forense. Si el auditorio ha de juzgar sobre hechos que han de suceder en el futuro en el ámbito de la asamblea política, nos encontramos ante la retórica deliberativa. Y, finalmente, si el auditorio asiste como espectador y no como juez que ha de tomar una decisión, nos encontramos ante la retórica epidíctica, demostrativa o "de aparato".

Evolución de la retórica en la Atenas Clásica.
Los críticos modernos, sobre todo G.A. Kennedy, han planteado que uno de los principales modos de definir las diferencias entre las distintas formas de retórica que se dieron en la Atenas Clásica es plantearse cuál de los tres elementos fundamentales del acto de la comunicación -orador, discurso, receptor- es el dominante en cada momento:
1) La retórica técnica o de los manuales: surge a partir de las nuevas necesidades cívicas -judiciales y políticas- planteadas en Siracusa y Atenas a partir de la instauración de la democracia. Este tipo de retórica surge al centrar los rétores su atención en el discurso en detrimento de factores como el emisor y el receptor. Se trata de una retórica enormemente pragmática, preocupada por cómo presentar eficientemente un tema y por cómo conseguir convencer a toda costa sin entrar a juzgar la moralidad del orador que pronuncia el discurso ni evaluar sus posibles efectos sobre el auditorio. Es la retórica de recetas y consejos simples y efectivos que desarrollaron en Sicilia autores como Córax y Tisias y que tuvo su continuidad en Atenas a través del grueso del movimiento cultural conocido como Sofística. Su ámbito básico de ejecución fue el género judicial.
2) La retórica sofística, es decir, la desarrollada por los grandes sofistas del siglo V y IV como Gorgias o Isócrates. Se trata de una retórica centrada en el orador más que en el discurso o en el auditorio y es la responsable de una imagen del orador ideal que, gracias al prestigio ganado, lidera la sociedad hasta conseguir el cumplimiento de unos objetivos personales (la influencia alcanzada por Gorgias) o de unos ideales nacionales (la idea del pan-helenismo defendida por Isócrates). Se trata de una retórica más ceremonial que activa y cívica. Se trata de una oratoria abierta a la amplificación y al refinamiento estilístico. Sus discursos, por lo tanto, pertenecen sobre todo al género epidíctico.
3) La retórica filosófica: este tercer ramal comienza con las críticas planteadas por Sócrates a las dos anteriores retóricas y tiene como continuadores básicos a Platón y a Aristóteles. Reduce el papel jugado por el orador y se preocupa por la validez del mensaje emitido, teniendo muy especialmente en cuenta su efecto sobre el receptor. Se trata de una retórica íntimamente conectada con la dialéctica y con el análisis psicológico. Su objetivo básico es buscar el bien del auditorio en el marco de la convivencia cívica. Este tipo de retórica prestó una especial importancia al menos desarrollado de los géneros: el deliberativo.

LA ORATORIA: PRINCIPALES AUTORES
Nacimiento
La oratoria es un género literario en prosa que, como manifestación práctica de la retórica, nació alrededor de la mitad del siglo V a. C., aunque los primeros discursos elaborados literariamente no comenzaron a publicarse por escrito hasta comienzos del siglo IV a.C. Desde el principio del género se destacó su carácter práctico. A diferencia de otras manifestaciones literarias, destinadas a la instrucción o al simple deleite, la oratoria ocupaba un papel decisivo en la vida pública de la pólis y se desarrolló siguiendo el estímulo de dos figuras solidarias, la del maestro (un rétor o sofista instructor en el arte de la retórica) y la del discípulo (el orador que tenía que pronunciar un discurso). Existían maestros a sueldo que enseñaban a ser oradores y que transmitían el qué, el cómo y en qué orden debían expresarse aquellos que tuvieran la obligación de hablar en público en los diferentes contexto cívicos en Atenas.
Contextos
La oratoria ática se desarrolló en tres contextos diferentes:
a) El contexto legal: En la democracia radical que surgió en la primera mitad del siglo V a. C., uno de los derechos más importantes era la isonomía (igualdad de todos los ciudadanos ante la ley). Todos los ciudadanos tenían el derecho, pero también la obligación, de ocuparse de su propia defensa ante un tribunal popular.
Los crímenes y delitos eran juzgados ante un tribunal que contaba con un número muy amplio de jurados (201 como mínimo), que eran elegidos por sorteo entre los ciudadanos varones de la pólis. Tanto acusadores como defensores tenían que exponer sus posturas sin intermediación de abogados, a no ser que se diera uno de los siguientes motivos: incapacidad física, ser extranjero (meteco), esclavo o mujer. Incluso en los casos de asesinato, que podían recibir una condena a muerte, en los primeros años de la democracia no existía un profesional legal, que actuara de oficio, sino que el papel de fiscal o el del abogado tenían que desempeñarlo simples ciudadanos que estuvieran implicados en el caso.
Aunque existían secretarios, no existía la figura de un juez que interpretara la ley escrita de la ciudad, que adoctrinara o que llamara la orden a los jurados. El jurado era el juez y tenía la atribución absoluta de interpretar tanto la ley como el hecho en sí mismo. No existía posibilidad de apelar frente a la decisión del tribunal. El tiempo de que disponían las partes estaba limitado por una clepsidra o reloj de agua y el juicio tenía que completarse en un solo día. Finalmente, la votación se realizaba en secreto. Los miembros del jurado introducían en una urna un guijarro con el que expresaban su juicio: blanco era inocente, negro culpable.
Al comienzo del sistema, a mediados del siglo V a.C., no existía posibilidad de examinar previamente las pruebas a favor o en contra por parte de los litigantes. Sólo hacia el primer tercio del siglo IV a. C. se permitió que tanto el testimonio de los testigos como las pruebas fueran presentadas previamente por escrito. Antes de que este procedimiento se pusiera en práctica, los oradores tenían que estar preparados para prever posibles argumentos o para reaccionar en el momento
b) Contexto político: Estaba constituido por el ámbito de la asamblea política, que estaba formada por todos los ciudadanos libres de la pólis que contaban con el derecho de la isegoría o igualdad a la hora de intervenir en la política de la asamblea. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en el ámbito judicial, la necesidad de aprender a pronunciar un discurso persuasivo en este contexto no era algo imprescindible. Aunque existía la posibilidad de que cada ciudadano hablara expresando su propio parecer, era muy difícil pronunciar un discurso en este contexto. De hecho, era casi imposible preparar por adelantado un discurso.
c) Contexto epidíctico: Se trataba de un contexto más indefinido, en el que se desarrolló la oratoria que no era deliberativa ni judicial, destinada a la exhibición del orador, y que se puso en práctica en ámbitos privados (simposios) o ceremoniales (epitafio).

Bibliografía y enlaces recomendados
http://www.isftic.mepsyd.es/w3/eos/MaterialesEducativos/mem2001/scripta/gen/generos/oratoria.htm
http://aliso.pntic.mec.es/agalle17/selectividad/

Manual gratuito para descargar sobre cómo hablar con eficacia
http://www.casasdesoria.org/madrid/minimanual%20hablar%20con%20eficacia.pdf

Cualidades de un discurso, clases y géneros



El género discursivo se constituye con los tipos relativamente estables de enunciados que surgen del uso de la lengua. Cada enunciado es un eslabón en la cadena de otros enunciados. Por más variados que sean estos enunciados (en extensión, contenido, composición) todos tienen rasgos estructurales comunes y fronteras bien definidas.

Ningún enunciado desde una perspectiva general, puede ser atribuido a un solo locutor: el enunciado es un producto social, es el producto de la interacción de los interlocutores y de manera general, el producto de toda situación social compleja, en la cual surgió.
Géneros discursivos
Denominamos géneros a formas de discurso estereotipadas, es decir, que se han fijado por el uso y se repiten con relativa estabilidad en las mismas situaciones comunicativas. Por ello, son formas reconocibles y compartidas por los hablantes, quienes identifican los géneros sobre todo por su formato externo y por el contexto en que se suelen producir; cada género discursivo responde a la necesidad de conseguir de forma satisfactoria una intención comunicativa determinada. Son los géneros discursivos los que distinguen una carta comercial, de un sermón, una noticia periodística, una receta, una conferencia, un brindis, un contrato o una entrevista radiofónica, por ejemplo.
Los textos que pertenecen a un mismo género discursivo se han desarrollado históricamente en una comunidad de hablantes, dentro de un ámbito social o profesional, y comparten una misma forma de organizar la información y un mismo conjunto de recursos lingüísticos (registro, fraseología, etc.). El uso de los conocimientos lingüísticos y discursivos típicos de un género es convencional, esto es, está estandarizado y viene establecido por la tradición.
La noción de género se remonta a la Antigüedad clásica. La retórica griega establecía, como respuesta a las necesidades de administrar la vida de la ciudad y los conflictos comerciales, tres grandes géneros de discurso: el género deliberativo para la asamblea, el género judicial para el tribunal y el género epidíctico para las ceremonias. En la tradición de la crítica literaria se han elaborado clasificaciones para los textos literarios, atendiendo a criterios diversos: según la composición, la forma y el contenido (se distingue entre poesía, teatro, novela y ensayo); según el modo de concebir la representación de la realidad (géneros románticos, realistas, naturalistas, surrealistas, etc.); o según la organización enunciativa de los textos (géneros fantásticos, autobiográficos, novela histórica, etc.).
Tipos de discurso
Veamos ahora algunos tipos de discurso que pueden ser de especial importancia para el redactor. Cada uno tendrá unas características diferentes, y las estrategias de construcción variarán de uno a otro. La división que voy a establecer no es tajante; de hecho, conviene en ocasiones mezclar elementos de un tipo de discurso en otro. Por ejemplo, incluir algunas características del discurso narrativo en uno publicitario ayudará a conseguir el objetivo perseguido por éste último, pues le aportará un interés que sólo la narratividad puede conseguir.

Discurso narrativo
El discurso narrativo es la exposición de unos hechos relatables por medio de una trama y un argumento. Por supuesto, es el que se utiliza en la novela y el cuento, pero cada vez más personas recurren a sus bondades fuera de la literatura, pues se caracteriza por mantener al lector pegado a las palabras como una mosca a la telaraña. Como dice E. M. Forster:
Discurso publicitario
El objetivo de un texto publicitario es vender un producto, y el redactor habrá de utilizar todos los recursos posibles para alcanzar ese objetivo, sin ningún tipo de escrúpulos. Los publicistas son los mayores ladrones de la historia: han robado sonatas a grandes compositores, cuadros a los pintores, frases a los escritores, canciones a los cantantes, expresiones a la gente de a pie... Y es que siempre tienen que estar renovando su repertorio.

Discurso expositivo
El discurso expositivo es el que busca informar de determinada cuestión o aclararla. Ha de ser, por tanto, un texto limpio y poco llamativo. El lector lo va a leer porque le interesa el contenido, y no porque se le meta en la retina como una mota de polvo. No obstante, como cualquier escrito, ha de hacérsele agradable y entretenido, porque si no lo dejará a la mitad, por muy interesado que esté en el tema .

Discurso argumentativo
El objetivo principal del discurso argumentativo es convencer, y a ello debe ir dirigida cada palabra que elijamos. Convencer no significa, por supuesto, avasallar ni ofender ni despreciar, sino acudir al entendimiento lógico del lector para que comprenda nuestras razones. Dado que vamos a intentar introducir un concepto nuevo sobre alguna cuestión que el lector no tiene a priori, habrá que poner especial cuidado en que esa intromisión en la configuración de su mente no sea brusca, sino que al leer el texto le parezca que eso es lo que ha opinado siempre, o que ha sido él mismo el que ha sacado las conclusiones.


Bibliografía:
http://www.ceibal.edu.uy/contenidos/areas_conocimiento/lengua/081020_fundamentacionlengua/gneros_discursivos.html
Bronckart, J.P. 1992. El discurso como acción. Por un nuevo paradigma psicolinguístico. Anuario de sicología, 54: 3-48.
http://www.escueladeescritores.com/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=19

Modelos de exposición discursiva

Representación de los textos expositivos
La exposición es un modo del discurso que tiene como objetivo ofrecer al receptor
información sobre cualquier tema. Los textos en los que puede encontrarse son diversos:
textos científicos, textos de contenidos relacionados con las ciencias humanas, textos
periodísticos diversos (noticias, reportajes, entrevistas, crónicas ... ) y textos publicitarios. Es,además, la forma de presentación de información más frecuente en las actividades académicasordinarias.
Está estrechamente relacionada con la argumentación, con la que generalmente se
combina en la composición de textos. Se ha dicho en ocasiones que exposición es en
realidad uno de los elementos que integran una argumentación. En la práctica se encuentran
fuertemente ligadas y participan de procedimientos lingüísticos comunes.
Los rasgos formales que deben caracterizar toda exposición son claridad y objetividad y,
como consecuencia, la función comunicativa dominante es referencial.
El discurso expositivo es divulgativo si el tratamiento dado a la información que facilita
permite su entendimiento por cualquier receptor no especialista en la materia de que se trata, o
es especializado si es necesario el conocimiento de una determinada rama científica para su
comprensión.

ESTRATEGIAS DISCURSIVAS

La estrategia de la comunicación tiene como objetivo la transmisión efectiva y eficiente del discurso político al electorado.
En la comunicación política, el candidato es el emisor, el electorado es el receptor y el discurso político es el envase semiológico de la propuesta política.
Según Eliseo Verón, el diseño de una estrategia de comunicación política, debe considerar los siguientes actores:
o Enunciador: Candidato que emite el discurso.
o Auditorio: Público ante el que se habla.
o Destinatario: Aquellos a quienes se dirige realmente el discurso político.
Así tenemos también, estrategias discursivas (diferentes envases), utilizadas según el tipo de destinatario.
o Pro – destinatario → Discurso de refuerzo → consolidar y mantener el apoyo de sectores simpatizantes ("nosotros inclusivo").
o Contra – destinatario → Discurso de polémica → diálogo en términos de réplica o contradiscurso ("ellos exclusivo").
o Para – destinatario → discurso de persuasión → captación de prosélitos.
En ninguno de estos casos, se hace evidente la explicación, si no se hace referencia a otra herramienta discursiva, subrepticia que coadyuve al verdadero propósito que es el de la persuasión. Esta herramienta es el uso del lenguaje para expresar una propuesta política.
Los diferentes usos del lenguaje son:
• El uso expresivo: Consiste en emplear un lenguaje para expresar emociones o provocarlas en el interlocutor (o destinatario, en Pandiani).
• En el uso interrogativo: La oración tiene como función requerir información del interlocutor (en cierta forma, se lo puede subsumir dentro del uso directivo del lenguaje).
• El uso operativo: Se caracteriza por el hecho de que, pronunciar ciertas palabras en determinadas condiciones, implica realizar la acción a que esas palabras se refieren, así decir en ciertas condiciones "juro respetar la constitución", "prometo devolver, en la moneda de origen", consiste precisamente en realizar las acciones de jurar y prometer.
• El uso prescriptivo o directivo: Se da, cuando mediante el lenguaje, el que habla, se propone dirigir el comportamiento de otro, o sea, inducirlo a que adopte un determinado curso de acción.
Solo de estos usos del lenguaje tiene sentido predicar "verdad o falsedad".
(Referencias de Genaro Carrió, en "Notas sobre derecho y lenguaje", del libro de Martínez Paz, Introducción al análisis del derecho, capítulo II, Pág. 63, año 1996, editorial Advocatus, Córdoba, Argentina).
Los equipos de campaña deben decidir sus estrategias comunicacionales teniendo en cuenta el análisis de:
1. El contenido de la propuesta política.
2. Las expectativas del electorado.
3. Las tradiciones comunicacionales del partido.
4. Las estrategias discursivas de los adversarios.
5. Las características personales y el estilo del candidato.
6. El presupuesto económico de la campaña.
Los encargados del "como decir" deben encontrar "oportunidades discursivas" para que el candidato transmita la propuesta política con mayor contundencia.
Bibliografía
http://personales.ya.com/arrodriguez/lengua/leng_segund/exposicion.pdf

La audiencia y el miedo de hablar en público


Hablar en público es todo un reto para muchas personas. Aprender a hacerlo y superar la ansiedad que provoca esta situación es algo que puede conseguirse fácilmente con las técnicas adecuadas.
"Todo el mundo ha tenido que hablar en público en alguna ocasión. A veces la audiencia es pequeña, pero otras no, y esto se convierte en fuente de estrés para aquellas personas que no están acostumbradas a hacerlo. Para llegar a ser un buen orador sólo hay que formarse adecuadamente, desarrollar el plan correcto de acción y ensayar con antelación lo que va a decirse en público”, afirma la instructora Elia Méndez
El miedo a hablar en público puede aparecer ante situaciones muy diferentes, como por ejemplo, dar una charla o impartir una conferencia, realizar preguntas a un conferenciante o a un profesor, expresar una opinión en un debate o en un coloquio, narrar un hecho que le ha ocurrido a uno personalmente, exponer alguna duda, mostrar desacuerdo, realizar un cumplido o valorar positiva o negativamente algo que te ha gustado o disgustado, etc.

Algunas personas aumentan su ansiedad al hablar porque perciben al auditorio como el enemigo. Sin embargo, el público puede considerarse como personas que están interesadas en un tema determinado, que necesitan del orador, de su experiencia, de su saber para aprender algo determinado.

Conviene recordar que el miedo es un sentimiento personal e interno, el auditorio no tiene por qué darse cuenta a no ser que nosotros se lo revelemos o estemos convencidos –y, por consiguiente, nerviosos y con ansiedad- de que se van a dar cuenta rápidamente de ese estado interno

EL ARTE DE COMUNICAR: TRES BLOQUES FUNDAMENTALES

Una formación completa en el arte de hablar en público debe incluir enseñar a estructurar el contenido de la presentación, a crear el ambiente adecuado y a manejar las emociones y favorecer la seguridad en uno mismo. Para ello hay que dominar los tres bloques fundamentales de una buena comunicación:
- Bloque estructural: Presta especial atención a la estructura de la exposición, que se divide en: presentación o introducción, cuerpo de la información y colofón que destaque los puntos esenciales de lo expuesto.
- Bloque cosmético. Comprende todo lo relativo al auditorio, es decir, cómo preparar la sala, escoger el atuendo más adecuado para la ocasión, etc.
- Bloque emocional. Incluye la comunicación no verbal, el control de los miedos y las emociones, etc.

EL BUEN ORADOR: PAUTAS BÁSICAS
- Aportar a la audiencia algo de valor. Debemos conocer a nuestra audiencia y adecuar nuestro discurso a sus necesidades.
- Ser uno mismo. Un buen comunicador tiene que ser natural y dominar el tema del que está hablando. No debe imitar a nadie, sino que tiene que encontrar su propio estilo.
- Admitir las propias debilidades. La humildad nos hace más creíbles y respetables, nos ayuda a crear un buen clima y favorece la conexión con el público.
- Cuidar el aspecto físico. Una apariencia en exceso transgresora en un ambiente conservador aleja al orador de su audiencia.
- Prestar atención a la forma de hablar. La dicción tiene que ser clara. El volumen de la voz, la velocidad del discurso y el ritmo también son elementos a tener en cuenta.
- Añadir humor. Si el discurso va aderezado con unas gotas de humor resultará más ameno.
- No pretender controlar el comportamiento de la audiencia. No debemos pretender controlar la situación, sino aprender a controlar el comportamiento y los pensamientos propios.
- Mirar a todo el mundo. Es un elemento esencial para contactar con la audiencia y saber cómo responde.
- Lenguaje corporal. Los brazos deben estar próximos al cuerpo y la espalda, recta.



Bibliografía
PUCHOL, L. (1997): Hablar en público. Nuevas técnicas y recursos para influir en la audiencia en cualquier
circunstancia. Madrid. Ediciones Díaz de Santos.
http://publicalpha.com/miedo-a-hablar-en-publico/
http://kronovida.com/revista/articulos/como-vencer-el-miedo-hablar-en-publico/